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Águilas Murcia
Artículo

“El alma de un aguileño”

Paco Escámez Reverte
Artículo publicado en 2004 en La Crónica de Águilas y en 2025 el Libro de Festejos de Águilas.
Alfonso Escámez y Paco Escámez Reverte saludándose

El día 5 de julio de 2001 es un día muy señalado en la historia cultural de nuestro pueblo. Ese día, ante más de 200 almas que se acercaron a la Casa de la Cultura “Francisco Rabal” de Águilas, el ilustre aguileño, Alfonso Escámez, presentaba una síntesis de la obra poética de autores aguileños de los últimos 100 años: “El alma de un pueblo. Cién años de poesía en Águilas”.

Durante la presentación, el marqués de Águilas rememoraba una tarde del verano de 1997, en el Bar Las Águilas (conocido popularmente como “Bar de Pedro”) cuando durante una tertulia de la entrañable “Peña la Amistad”, quedó-según sus propias palabras-”sorprendido por la pasión que ponían varios miembros de esa peña que, en una noche cálida, nos deleitaron con sus versos llenos de humanidad y de cariño hacia nuestra tierra”. Ese mismo día, Alfonso Escámez tomó la decisión de publicar “El alma de un pueblo”.

Desde el verano de 2001, ochocientos volúmenes de setenta autoras y autores aguileños estuvieron en las librerias y sirvieron para ayudar a la Asociación para la Atención de Personas con Discapacidad Inteluctual Urci.

Durante tan emotivo acto, se agolparon entonces en mi mente recuerdos de la Semana Santa de 1995. En esas fechas, el mecenas de Águilas fue el encargado de pregonar la Semana de Pasión de su pueblo, y otro hijo ilustre del pueblo, el padre Alfonso Ortega Carmona, veía reconocido su aguileñismo al nominar el ayuntamiento una calle, la antigua Travesía de San Miguel, con su nombre. Ese 7 de abril tuve el privilegio y la fortuna de asistir al encuentro de la “Peña la Amistad”, también en el “Bar las Águilas”, invitado por el inolvidable historiador y poeta aguileño Felipe Palacios.

Pero no quisiera que estas líneas sirvan solamente para recordar emociones pasadas. La única intención que me guía es la de resaltar el amor y la pasión que “el más importante promotor cultural de la historia de Águilas”, como lo califica en la presentación de esta antología el padre Ortega, siente por su tierras y sus raices.

El vate aguileño Antonio Sánchez Cáceres también canta en sus versos la valía de Escámez:

“Porque la luz de este recodo mediterráneo acarició tu nacer, tu vida toda, Alfonso Escámez, para honor y orgullo de los aguileños, de los españoles todos...tú eres dignamente marqués,, Marqués de las Águilas”.

No fue la primera vez, ni tampoco la última, que el Hijo Predilecto de Águilas y Medalla de Oro de la Villa, daba pruebas del amor y pasión por la tierra que le vió nacer. En muchisimás ocasiones de forma anónima y solidaria. La cultura fue su punto fuerte, tan fuerte y grande como su corazón.

Ahí están esos Cursos Extraordinarios de la Universidad del Mar que patrocinó desde sus inicios. El Instituto de Educación Secundaria (antigua Escuela de Formación Profesional) que lleva su nombre, junto al Pico de la Aguilica o la extraordinaria biblioteca que albergó el Casino de Águilas, Bien de Interés Cultural. Tampoco podemos olvidar la donación de las esculturas de Santiago de Santiago, verdaderas obras de arte. Una de ellas, homenaje a la mujer aguileña de la que podemos maravillarnos en la glorieta cercana a la antigua “Calica”, junto al Monumento al Ferrocarril y que Escámez y su esposa Auri Torres tuvieron la generosidad de regalarnos. La otra, la de nuestro inolvidable Paco Rabal, allá junto a su almendro de la Cuesta de Gos.

Igualmente, el histórico Patronato Musical Aguileño “Francisco Díaz Romero”, cuya Sala de Conciertos lleva su nombre, da testimonio de primera mano de la atención del mecenas aguileño.

El deporte, especialmente el triatlón, también se ha beneficiado de la generosidad del marqués de Águilas, que convertía cada año a nuestra localidad en foco de atención nacional e internacional.

Indudablemente, me dejo en el tintero muchas muestras de afecto y cariño que esta entrañable personalidad profesaba a su “patria chica”. Pero no quiero dejar de reseñar lo que para mi es lo más importante: el amor a su pueblo, a sus gentes, a sus lugares y a sus costumbres. En definitiva, Alfonso Escámez puso su alma al servicio de su pueblo. El alma de un aguileño”.